30 años sin el Muro de Berlín

El beso a tornillo de Breznev y Honecker en el tramo mejor conservado del Muro

El mes pasado publiqué en la revista VIAJAR un reportaje sobre todo lo que se cuece este año en Berlín, que es mucho. Además de las celebraciones por la caída del Muro (la fiesta será en noviembre, pero ya hay montones de exposiciones que muestran desde cómo se vivía a cada lado del Berlín dividido hasta el ingenio le echaron cientos de jóvenes para tratar de cruzar al otro lado), andan también conmemorando el centenario de la Bauhaus, la escuela que revolucionó el mundo del diseño y que la llegada al poder del Tercer Reich obligó a cerrar. ¡Como todo lo bueno en aquel Berlín de los años treinta que llegó a desbancar a París como capital de la trasgresión!

La cúpula de la sede del Parlamento, por obra y gracia de sir Norman Foster
La cúpula del Parlamento, obra y gracia de sir Norman Foster

El Reichstat, pero por fuera

Patios modernistas o Hackesche Höfe
Los patios modernistas o Hackesche Höfe

En breve abrirán como nuevo epicentro cultural el Palacio Imperial, herido grave durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y rematado –vamos, borrado del mapa– por los comunistas que ocuparon el Berlín Oriental. Lo han levantado piedra a piedra (por eso en parte había tanta grúa y tanta zanja por el centro).

También le han levantado una nueva entrada a la Isla de los Museos, Patrimonio de la Humanidad los cinco de ellos y con tal barbaridad de arte que se bastan y se sobran para justificar ellos solitos la escapada. Pero también están esas cicatrices de guerra que encojen el alma y esos barrios medio hípster medio lumpen que, en estos tiempos globalizados en los que casi todo se diría un déjà vu, hacen que esta ciudad superviviente solo se parezca a sí misma.

La Puerta de Mileto, en el Museo de Pérgamo de la Isla de los Museos
Puerta de Mileto del Museo de Pérgamo, en la Isla de los Museos
Grandes vistas desde lo alto de la catedral.
Grandes vistas desde lo alto de la catedral.

Yo, que estudié un año en Alemania y tengo el culo pelao de dar tumbos, no conocía Berlín, pero fijo que volveré, porque es una de esas ciudades “que no te las acabas”. Eso sí, que no te la cuelen con el curry wurst… ¡es una auténtica guarrindongada para llenar el monago!

Copio y pego el primer párrafo del reportaje. Si lo quieres ver entero, pincha en el link de VIAJAR.https://viajar.elperiodico.com/destinos/berlin-30-anos-muro


Si toda ciudad de bien presume de un centro definido, Berlín juega al despiste dispersándose entre varios. Sus múltiples cogollos se desparraman, encima, a distancias maratonianas por sus viejos universos enfrentados del Este y el Oeste. En noviembre se cumplen treinta años de la caída del Muro, y las diferencias entre ambos no han desaparecido del todo a pesar de las mil y una obras que, desde entonces, vienen cosiendo sus calles. Tanta grúa y tanta zanja no ha amilanado al torrente de admiradores dispuesto a sacarle tajada. Pero el que avisa no es traidor: no será pan comido meterle mano a esta urbe inconformista y dual que solo se parece a sí misma.

Publicado en el número de febrero de 2019 de la revista VIAJARhttps://viajar.elperiodico.com/destinos/berlin-30-anos-muro