El Camino japonés y los monjes de Koyasan

No lejos de Kioto, las montañas de la península de Kii enlazan dos escenarios sagrados, ambos Patrimonio de la Humanidad: la red de senderos del Kumano, una especie de Camino de Santiago por el que emperadores y campesinos llevan peregrinando más de un milenio, y el medio centenar de templos de Koyasan, algo así como el vaticano del budismo esotérico.

 

No han dado ni las seis cuando el monje encargado de despertar a los huéspedes toca levemente a la puerta corredera de papel de arroz. En los shukubos o monasterios con hospedería del pueblo sagrado de Koyasan no es obligatorio asistir a los rezos matutinos, aunque, llegados hasta tan lejos, sí altamente recomendable a pesar de las horas.

Monje budista del pueblo sagrado de Koyasan.

 

Jardín zen, nevado, de uno de los templos donde se puede hacer noche.

 

Cena, rigurosamente vegetariana, preparada por los monjes.

Tras abandonar la sala de tatamis que oficia de habitación, un laberinto de galerías, aún en penumbra, descolla por los recovecos del templo en el santuario donde se recibe al nuevo día con la ceremonia Otsutome. En silencio, los monjes van arrodillándose junto a un altar recargado de reliquias y ofrendas mientras a los visitantes les reservan las esquinas más discretas. Poco importa no entender nada de los sutras que irán recitando durante la hora siguiente; envueltas de velas e inciensos, sus voces hipnóticas predisponen a la meditación hasta al más descreído.

 

Si te interesa seguir leyendo, en este link de la revista VIAJAR tienes todo el reportaje, publicado el pasado octubre, sobre el pueblo sagrado de Koyasan, en cuyos templos budistas es posible alojarse para compartir el día a día de sus monjes, y el Kumano Kodo, una especie de Camino japonés –¡de hecho está hermanado con el de Santiago!– cuyas sendas a través del Japón rural confluyen en tres santuarios donde se desdibujan las fronteras entre el sintoismo y el budismo.

 

Os dejo algunas fotos que tomé por allí.

Varias sendas por el monte hilvanan los tres templos principales del Kumano.

 

Al hacer el Camino de Santiago y el Kumano te conviertes en “peregrino dual”.

 

Monje del Kumano en uno de los santuarios del Camino japonés.

 

Peregrinas del Kumano Kodo ataviadas como en la época Heian.

 

De lo más supersticiosos, los peregrinos piden sus deseos ante los altares.

 

Hacerse con las caligrafías de los templos es garantía de buena fortuna.

 

Yunomine Onsen, el pueblito termal más coqueto del Kumano Kodo.

 

Agua purificadora a la entrada de cada santuario.

 

Una servidora (sin gorro, claro), en el “making off” del reportaje.

 

2 comentarios


  • Francisco

    Precioso reportaje sobre un sitio marvilloso. Y es que Japón es superinteresante. No puedo evitar dejar de contar que yo estuve en Koyasan hace 30 años. He vuelto a estar en Japón en 2015 y entonces hice el otro Camino mucho menos conocido: El camino de Kobo Daishi, en la isla de Shikoku. Si a alguien le interesa está publicado en El Viajero/El Pais:
    https://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/07/08/actualidad/1467993114_752175.html

    diciembre 07, 2017
  • Elena del Amo

    Gracias, Paco… me apunto el Kobo Daishi para la próxima. Un abrazo grande,
    Elena

    junio 27, 2018

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